“¿Y los individuos infelices también se parecen?” por Carlos Lamas

“¿Y LOS INDIVIDUOS INFELICES TAMBIÉN SE PARECEN?”

por CARLOS LAMAS

“La mejor forma de conocer a una persona es en una situación de peligro vital” es una frase que firmaríamos muchos de nosotros. Una fantástica manera de alternar con gente que nos acaban de presentar es compartir un vermut en una soleada plaza pero puede que la opinión que nos formemos cambie mucho con el paso del tiempo. Al contrario, si nos conocemos en una situación difícil -emigrando para encontrar un empleo en Alemania o ayudándonos en una salida del Madrid Arena- la opinión que nos merezca el otro, nos llevará a establecer una sólida relación basada en la confianza mutua o en un profundo desprecio.

¿Por qué es más fiable la actuación de un individuo en una situación de peligro o de estrés alto? Nuestra respuesta inicial a una amenaza para nosotros o para nuestros seres queridos es en primer lugar fruto de la herencia de nuestros antepasados (de millones de años) que sobrevivieron escogiendo entre luchar o huir. A ello debemos añadirle nuestros patrones básicos aprendidos a muy tierna edad y modificados con el paso del tiempo. La elección más importante es: ¿confío en mí mismo o en los otros? Si tuvimos una crianza segura y la vida nos ha sido amable, optaremos por lo mejor de ambas alternativas, pondremos en marcha nuestros recursos a la vez que encontraremos buenos aliados.

Pero si mi vida fue difícil debo optar entre dos estrategias. Hay personas a los que llamaremos Ariscos (el 15% de la población), que en los momentos de dificultad, muestran una cara gélida y sin emociones, se avergüenzan y se refugian en sí mismos y rebuscan en su interior la forma de sobrevivir, desconfiando de los demás como posibles fuentes de alivio o de apoyo. En cambio, hay otros, los Cabreantes (el 10%), que desconfían de sus propias posibilidades, muestran públicamente su malestar, se consideran víctimas de las circunstancias y esperan el rescate de alguien que ya está llegando tarde. Por último, tenemos los Desorganizados (el 5%) que tuvieron una infancia muy difícil y la vida no hizo más que confirmar sus escasas esperanzas: son los que ni confían en sus propias posibilidades ni en que los rescaten.

La crisis que padecemos nos ha colocado a todos en una gran tensión y hace que aparezcan nuestras estrategias de afrontamiento. La primera reacción es genética y  ligada a nuestros ancestros, luchamos (la rabia nos moviliza) o huimos (la prudencia se impone).

La segunda reacción está relacionada con el aprendizaje, por lo que es mejorable. Si usted se asemeja a un Arisco, se encierra en sí mismo, debe saber que su sentido de la responsabilidad individual es admirable (usted presentaría la dimisión), pero que quizás hace falta añadir un poco de curiosidad por los demás. La asociación de vecinos, unos amigos que jueguen a la petanca o la defensa del cormorán,… son opciones válidas. Es cierto que no encontrará ninguna tierra prometida pero hay más posibilidades de supervivencia en la unión que en el aislamiento. También es cierto que se aburrirá, pero persevere.

Si usted funciona más como un Cabreante, se considera víctima y se pasa el día charlando sobre lo que los otros podrían hacer, su conocimiento de los demás y sus habilidades sociales son envidiables, pero debe empezar a mejorar sus prestaciones individuales. Una visita a la biblioteca, una pizca de formación, un poco de silencio y reflexión,… son buenas ideas. Recuerde que nada da más autoestima que unos pequeños éxitos. No le voy a engañar: crecer individualmente es un latazo y la constancia es necesaria. Usted va a dudar muchas veces y se va a lanzar en los brazos del “Si no fos per…” pero no lo tome como un fracaso sino como un pequeño descanso.

Si usted se ve más reflejado en el Desorganizado y las crisis le producen muchos síntomas psicológicos y físicos, busque ayuda de un profesional para mejorar el cuidado de los suyos y de sí mismo.

Si fue usted un niño criado con una base segura y la vida le ha respetado, será un Bondadoso (70%, el resto de la población) y la crisis, aunque la siente como angustiosa, es también una oportunidad para crecer personalmente. Ayúdese y ayude a los demás. No es legítimo pensar que la crisis es fruto de los errores de los ciudadanos, sino de estructuras poco democráticas y de un injusto reparto de la pobreza. Pero cada uno deba asumir su responsabilidad individual. La suya, persona Bondadosa, es no juzgar a los Ariscos como fríos e insolidarios ni a los Cabreantes como victimitas e irresponsables ni a los Desorganizados como locos de atar, tan solo son humanos que hacen lo mejor que pueden con sus recursos.

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Comments
One Response to ““¿Y los individuos infelices también se parecen?” por Carlos Lamas”
  1. cami ha dit:

    Un article fantàstic, molt curiós i útil.
    una abraçada a tots

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